martes, 14 de agosto de 2012

Cambio por un dia


Cambio por un dia

¿Quién en esta vida no ha deseado alguna vez poder ser del sexo opuesto al que es? Los chicos deseando ser una chica y viceversa. La gente no entiende lo complicado que es ser tanto chica o chico y las complicaciones que conlleva ser cualquiera de los dos géneros, y por eso piensan que ser del otro sexo seria más divertido y fácil de llevar.

En una mañana cualquiera…

Luis se despertó como cada mañana con los ojos semi-cerrados por el sueño, dando un largo bostezo y rascándose el pecho.

-¿Eh? ¿Qué es esto? – dijo extrañado al notar algo blando.

Bajó la mirada y vio como su mano estaba tocando lo que parecía un pecho de chica. Quedó algo sorprendido y asustado. Llevaba un ligero pijama de manga y pantalón corto de color rosa clarito, y vio que no estaba en su habitación.

-Esto debe ser un sueño de lo más extraño – pensaba mientras se le venían pensamientos impuros a la mente.

Vio que en la habitación había un gran armario con un espejo con el que poder verse. Se acercó y vio que era una joven chica. Se quedó unos minutos mirándose, pensativo.

- Es un sueño, qué más da lo que haga ¿no?- pensaba.

Luis se desnudó y se volvió a mirar al espejo, este se quedó embobado mirándose del perfecto cuerpo que tenía. De pronto, la puerta de la habitación se movió, abriéndose. Luis dirigió su mirada a la puerta, donde estaba un hombre absorto, viéndole, el cual parecía el padre.

-¿¡ Qué narices estás haciendo, Ana!? Vas a llegar tarde al instituto y tú ahí pasmada mirándote desnuda. Cuando vuelvas de clase hablaremos, ahora vístete y baja enseguida- expresó gritando y cabreado el padre, mientras cerraba dando un portazo.

Luis se quedó petrificado de lo real que parecía el sueño. Abrió el armario y vio gran cantidad de ropa de chica: faldas, camisas, vestidos, etc. Se puso lo primero que vio mas cómodo y fácil de poner. Salió de la habitación y vio que para salir debía bajar unas escaleras, allí vio al padre y a la madre que se le quedaron mirándole extrañados. La madre se le acercó

-Cariño ¿qué te pasa hoy? ¿Cómo es que llevas esta ropa? Has de ponerte el uniforme del instituto- dijo la madre.

Le puso la mano en la frente para ver si tenía fiebre o si se encontraba mal.

-No parece que tengas fiebre. Vamos al cuarto para que te cambies.

Luis se fue con la madre para cambiarse.

Mientras tanto en otro lugar.

-¡Luis! Despierta que llegarás tarde al trabajo- dijo la voz de un hombre.

Ana abrió los ojos, y se puso sentada en el borde de la cama, dispuesta a levantarse, cuando notó una extraña sensación en el pantalón. En seguida se dio cuenta que no estaba en su habitación. El pijama, las sabanas, la decoración, el cuarto entero no lo reconocía. Ana se levantó de la cama, estaba extrañada y algo confusa, se dio cuenta que estaba en un cuerpo de un chico. Se dirigió a la puerta para salir de la habitación, fuera vio a lo que parecía el padre, el cual estaba cabreado.

-Luis vas a llegar tarde, o te das prisa o no te acerco al trabajo, tienes cinco minutos – mencionó cabreado.

Éste se marchó a lo que parecía a simple vista la cocina. Ana dio un pequeño vistazo y vio el baño, se acercó y se aproximó al espejo, donde vio que era cierto, tenía el rostro y el cuerpo de un chico. Se aseo un poco y fue al cuarto rápidamente. Al llegar al cuarto se puso a buscar algo que ponerse, allí vio no mucha ropa e identifico rápido lo que parecía el traje de trabajo. Tras vestirse algo avergonzada al ver el cuerpo de chico salió del cuarto y se dirigió a donde fue el padre. Allí tenía preparado el desayuno.

-Desayuna rápido que nos vamos- dijo más calmado.

Mientras desayunaba el vaso de leche que tenía preparado con un par de bollos pensaba que esto no podía ser real, que debía ser una pesadilla.

Por otro lado…

Luis después de asearse y estar vestido con el uniforme escolar, su padre le dejó en la puerta del instituto. Allí comenzó a recordar algo.

-Pero si es el instituto donde yo estudié- dijo extrañado y añadió- bueno es un sueño, así será mas cómodo moverme por aquí ya que lo conozco.

Notó como una mano se deslizó sobre su cintura, se giró a mirar y vio a un chico que le acarició y le agarró de la cintura.

-¿Qué tal bombón?

Luis le apartó la mano y le propino un puñetazo en la cara por tocarle. El chico se llevó la mano a la cara dolorido mientras Luis se retorcía de dolor en su propio puño.

-Que daño me hecho al golpearle, parece como si tuviera ligeramente menos fuerza- pensó Luis.
-¿Qué te pasa hoy Ana? Te comportas como un chico- dijo aquel chico mientras se marchaba.
-De momento es algo incómodo ser una chica- refunfuñó Luis mientras entraba al instituto.


Mientras tanto Ana llegó al lugar de trabajo donde le acompañó su padre, el cual antes de marchar le preguntó:

- ¿Qué piso es donde tengo que ir a trabajar?
-¿Estás ebrio Luis? ¿No te acuerdas? Eres el contable de la gestoría, en el segundo piso.  Espabila.

Acto seguido, arrancó el coche y se marchó dejándole frente al portal. Cogió las llaves que tenía en el bolsillo, que anteriormente su padre le dio antes de salir de casa al ver que se las olvidaba.
Abrió la entrada, subió al segundo piso y allí vio una pequeña oficina donde había una joven chica en la recepción.

-Buenos días tenga, señor Luis. Tiene una expresión cansada hoy, ¿se encuentra bien? – le dijo la recepcionista.

Tomó un poco de aire ya que estaba muy nerviosa.

-La verdad es que estoy algo confusa- dijo Ana.
-Querrá decir confuso, señor Luis – dijo con una sonrisa la chica.
-Perdón, confuso quise decir – rectificó Ana.

Ana se acercó a la chica:

-¿Mi despacho cuál es? –pregunto tímida y débilmente.
-Hoy está de lo más raro, señor Luis – dijo la chica y añadió:- Es la puerta está a mi derecha, ahí está su despacho- concluyó con un guiño.
-G-Gracias – respondió Ana nerviosa.

Fue a la puerta y entró al despacho, allí tenía un ordenador y gran cantidad de papeles por la mesa, de los cuales solo veía números y cálculos que no entendía para nada.

-¿Qué se supone que he de hacer con todo esto? – pensó algo atemorizada.

La mañana pasó para ambos.

-Recordad estudiar este fin de semana para el examen del lunes – dijo la profesora.

Luis terminó las clases. Este al salir vio en la salida a los padres que le esperaban para recogerle.

-¿Qué tal las clases, cariño?- preguntó la madre.
-A sido un poco duro el día de hoy- dijo Luis recordando todo lo que ha tenido que pasar: exámenes, chicos que se le acercaban y acosaban, las compañeras de clase que se burlaban de lo extraña que estaba, etc...

Al llegar a casa fue al cuarto, dejó la mochila en el suelo y se tumbó en la cama boca arriba, cansado.

-Menudo día, ha sido agotador y más difícil de llevar de lo que pensaba. Ojalá despierte de este sueño pronto- dijo mientras le comenzó a entrar un dolor extraño y fuerte de barriga

Ana al terminar su jornada de trabajo bajó las escaleras del edificio, temblorosa de la gran cantidad de broncas que había sufrido a lo largo de la mañana. Al salir del edificio, estaba su padre que le estaba esperando para recogerle. Este vio la cara que llevaba.

-Tienes bien merecido las broncas que te habrán dado hoy, sube al coche.

El primer pensamiento que le vino a la mente fue que quería volver a la normalidad con una vida de chica como la llevaba antes.

Al día siguiente cada uno volvía a estar en su cuerpo, ambos pensaron que seguramente sería un sueño lo que pasaron. Esa misma tarde por el centro de la ciudad dando un paseo, se encontraron ambos. Se quedaron sorprendidos y paralizados. Era demasiada coincidencia que vieran el cuerpo que habían estado en el sueño. Estuvieron unos minutos mirándose sin moverse, hasta que Luis se le acercó:

-¿Nos conocemos de algo?-preguntó Luis para romper el hielo.
-Creo que no nos conocemos, pero… - dijo Ana sin acabar la frase.
-Es un poco de locos pero ¿ayer te paso algo fuera de lo normal? Como que ¿despertaste en el cuerpo de otra persona?- preguntó algo avergonzado.

Ana se ruborizó un poco y apartó la mirada asintiendo con la cabeza.

-¿A ti te ocurrió algo parecido?- preguntó Ana.

Luis tomó un poco de aire y seguido lo expulsó.

- Sí, ayer pase el día como si fuese tú, y en verdad fue una experiencia difícil, y eso que deseaba mucho poder ser una chica por lo duro que es ser chico. Pero ayer me di cuenta que estoy bien como estoy- concluyo sonriente.
- Yo también deseé poder ser chico y estoy de acuerdo con tu opinión, prefiero quedarme tal como estoy- respondió Ana contenta.
-¿Te apetece ir a tomar algo y contarnos la experiencia sufrida ayer?- propuso Luis.
- Me parece buena idea – dijo Ana bordando una sonrisa.


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